Entré al sitio web del Banco de Chile a revisar el saldo de mi cuenta corriente y tarjeta de crédito. Me encuentro con la agradable sorpresa de que el cupo de mi tarjeta ha sido aumentado en $200.000 sin previo aviso. A cualquier persona podría hasta gustarle esta noticia, sin embargo constituye una bajeza y grave engaño.
Según el ejecutivo que me atendió por teléfono, es un
"regalo para algunos clientes que han tenido buen comportamiento". ¿Acaso creen que soy imbécil? Es como si dejaran 200 lucas botadas en la calle. Obviamente hay mucha gente que no resistiría la tentación por hacer uso de ese dinero. Mal que mal, la necesidad tiene cara de hereje.
El banco se está aprovechando de la ignorancia y la necesidad de algunas personas. Claro, a ellos les conviene que sus clientes dispongan de más plata. Las probabilidades de gastar aún más de lo que pueden aumentan, y eso trae consigo un mal endémico de Chile:
el endeudamiento, que genera más pobreza, estresa a las personas y se convierte en un círculo vicioso del que cuesta salir.
El banco, feliz. Para ellos es un negocio redondo.
"Les doy más dinero, así gastan más y yo me lleno los bolsillos con cobros de intereses", deben pensar.
Esto lo voy a comentar donde sea necesario. ¿Estoy exagerando? No señores. El
Banco de Chile se puede ir a la mierda.
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